MISIÓN CATÓLICA NUESTRA SEÑORA DE LAS AMÉRICAS

MISIÓN CATÓLICA 

NUESTRA SEÑORA DE LAS AMÉRICAS

4603 Lawrenceville Highway - Lilburn, GA 30047
Sunday 22 de December, 2019
Cuarto Domingo de Adviento

Primera Lectura

 

Isaías 7,10-14.

 

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos:
«Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas».
Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.»
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?.
Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.

 

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;

él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.




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Carta de San Pablo a los Romanos 1,1-7.

 

Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios,
que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras,
acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne,
y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador. por su resurrección de entre los muertos.
Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para gloria de su Nombre, a todos los pueblos paganos,
entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo.
A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.


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Evangelio según San Mateo 1,18-24.

 

Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa,


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“Le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo”

 

San Beda el Venerable (c. 673-735), monje benedictino, doctor de la Iglesia

 

Homilía para la Vigilia de Navidad, V, CCL 122, 32-36 (« Les Pères commentent l'évangile », Paris, Brepols, 1991)

 

“Miren”, dice el profeta Isaías, “la virgen concebirá y dará a luz un hijo y lo llamará con el nombre de Emanuel”, que significa: Dios-con-nosotros (cf. Is 7,14). El nombre de Salvador «Dios-con-nosotros», dado por el profeta, señala las dos naturalezas de su única persona. El que es Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, es el mismo que es el Emanuel al final de los tiempos, es decir Dios-con-nosotros. Lo es, al haber venido al seno de su madre, porque se dignó aceptar la fragilidad de nuestra naturaleza en la unidad de su persona cuando «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Es decir, comenzó de manera admirable a ser lo que nosotros somos, sin dejar de ser quien era, asumiendo nuestra naturaleza de manera de no perder lo que era en sí mismo. (...) “María dio a luz a su Hijo primogénito” (...) “y se le puso el nombre de Jesús” (Lc 2,7.21). Así, el nombre de Jesús es el del hijo nacido de la Virgen y, según la explicación del ángel, significa que él salvará a su pueblo de sus pecados. (...) Evidentemente que es también quien salvará de la destrucción del alma y del cuerpo, secuelas del pecado. En cuanto al nombre de Cristo, es el título de una dignidad sacerdotal y real. Porque en la Ley antigua, sacerdotes y reyes eran llamados cristos a causa de la crismación. Esta unción con aceite santo prefiguraba al que vino al mundo como verdadero rey y sacerdote: “El Señor tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con el óleo de la alegría” (Sal 44,8). Por esta unción o crismación, a Cristo en persona y a los que participan de la misma unción, la gracia espiritual, se los llama 'cristianos'. Por el hecho de ser el Salvador, Cristo puede salvarnos de nuestros pecados. Por ser sacerdote, nos puede reconciliar con Dios Padre. Por ser rey, se digne darnos el Reino eterno de su Padre.     En cuanto al nombre de Cristo es el título de una dignidad sacerdotal y real. Porque en la Ley antigua, a los sacerdotes y reyes se les llamaba cristos a causa de la crismación. Esta unción con aceite santo prefiguraba al que vino al mundo como verdadero rey y sacerdote: “El Señor tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con el óleo de la alegría” (Sal 44,8). Por esta unción o crismación, a Cristo en persona y a los que participan de la misma unción, la gracia espiritual, se los llama 'cristianos'. Por el hecho de ser el Salvador, Cristo puede salvarnos de nuestros pecados. Por ser sacerdote, nos puede reconciliar con Dios Padre. Por ser rey, se digne darnos el Reino eterno de su Padre.

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